Parábola

Había un maestro de sabiduría bueno y comprensivo con sus gentes, de cuyos labios brotaban las más sabias enseñanzas.
Cierto día se le acercó una persona que dijo ser abad de un célebre monasterio.
– ¿Qué deseas?, le preguntó el maestro.
El visitante, a modo de respuesta, le contó una triste historia: En otros tiempos, su monasterio había sido famoso en todo el mundo. Había armonía entre todos y respiraban aires de felicidad. Como consecuencia de ello se habían incrementado en número los monjes. Ahora eran muchos, y allí no había quien se entendiera. El abad le explicó al anciano que habían estudiado la situación a través de la sicología, la sociologóa, etc., y no encontraban la solución.
-Aquello es el caos. Vuestra fama de persona sabia ha llegado hasta nosotros y por eso vengo a pediros consejo.
-Tranquilizaos -dijo el anciano-, veréis como tiene solución.
El anciano acompañó al abad hasta el monasterio y estuvo conviviendo con la comunidad unos días.
Pasado el tiempo, llamó al abad y le dijo:
– Ya sé donde está el problema. Tienes entre tus manos un hermoso vergel, con árboles frutales de todas clases, pero tienes que conocer bien a todas y cada una de las frutas para saberlas tratar y que den el fruto adecuado.
Aquí hay personas que son como nueces: están protegidas por una capa exterior dura, es muy difícil llegar a ellos, pero cuando lo consigues, son agradables.
Hay personas que son cerezas: pequeñitas, dulces, con aspecto agradable, pero siempre tienen que estar encima, y cuando las pruebas te puedes romper un diente con el hueso.
Hay algunos que son naranjas: si los pruebas antes de temporada son agrios y desagradables, pero si les das tiempo para madurar son agradables, con mucho sabor, y aportan bastantes vitaminas.
Hay otros que son higos chumbos: siempre con pinchos, siempre molestando y dejan un pincho difícil de quitar.
Hay algunos que son espárragos: no saben a nada, pero son buenos para eliminar toxinas.
Luego están los plátanos: siempre accesibles, siempre dulces, siempre buenos, pero engordan cantidad.
Hay otros que son chirimoyas: son buenos, pero tienen cantidad de semillas que no son comestibles y que hay que ir quitando una a una. Lo que queda es muy bueno; lástima que sea tan poco.
Hay otros que son peras: el aspecto exterior es verde, da la impresión de que no han madurado, pero cuando las pruebas están en su punto.
Hay otros que son sandía: con mucho sabor, con mucho color y muy refrescantes. Lástima que sólo haya sandías en verano.
Quizás haya más frutas. Seguid vosotros mismos estas pistas para reconocer cómo sois.

También he observado cómo funcionan estas frutas (perdón, estas personas), dentro del grupo al que pertenecen.
Hay grupos que son fruteros: cada uno mantiene su forma y su sabor. Son incapaces de mezclarse entre sí. Piensan que el que nace higo, higo tiene que morir. Son muy bonitos para adornar.
Hay grupos que son zumo: son capaces de unirse a los demás, pero se mezclan de tal manera que pierden totalmente su identidad, pierden su forma y sabor. El resultado, a veces, es agradable, y otras veces es un sabor raro.
Hay grupos que son macedonia: son capaces de unirse a los demás aportando su sabor y su color, pero sin dejar de ser ellos mismos. Los pequeños permanecen enteros, y los grandes se dividen en trozos para aportar más al conjunto. El resultado es una buena mezcla.

Y de esta forma tan sencilla, comprendieron dónde estaba su equivocación, y el monasterio volvió a ser lo que era.


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La parábola nos hace pensar. A veces nos vemos tan iguales que no reconocemos la calidad propia y la de los demás. Es un fallo gordo de cara a la elaboración de una buena macedonia.
-¿En qué fruta te reconoces mejor?
¿Cuál es tu sabor?
¿Cómo es tu cáscara?
¿Qué esconde dentro?
¿Como es tu jugo?

– Lo importante tal vez sea mezclarte con los demás. De hecho:
¿Lo haces como en un frutero?
¿Te mezclas como en un zumo?
¿o intentas hacerlo en macedonia?
Para que sea de este último modo es necesario «partirse»
¿Qué experiencia tengo de «partirme»?
¿Qué aporto para el jugo? ¿amargor?

– Si creo que participo en la macedonia, ¿me parto o me echo entero para que los demás se mezclen conmigo?
¿Hay amargor en mi fruta?, ¿Cómo influye en los demás?

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