La Palabra Correcta en el Noble Camino Óctuple

El noble camino que conduce a la cesación del sufrimiento, a la Liberación plena, se recorre por medio de la visión correcta, la comprensión correcta, la palabra correcta, la acción correcta, el medio de vida correcto, la atención correcta, el esfuerzo correcto y la meditación correcta. Este camino se representa con una rueda para señalar que no es una sucesión lineal de propósitos sucesivos, sino que estos ocho aspectos del Camino se van perfeccionando simultánea y gradualmente.
Rueda del DharmaEl noble namino óctuple propone una conducta que evita el surgimiento de estados no saludables y genera estados saludables. Esto incluye la restricción de los sentidos, es decir, liberarnos de la respuesta involuntaria a las percepciones sensoriales, liberarnos del imperio del apego y la aversión, y simplemente percibir los objetos a medida que aparecen en las respectivas conciencias. El esfuerzo correcto y la conciencia plena calman el complejo mente-cuerpo, liberándonos de estados y tendencias no saludables, y alentando el desarrollo de estados saludables y respuestas apropiadas, no automáticas. Siguiendo estos pasos y prácticas acumulativas, la mente se dispone de un modo natural para la práctica de Dhyāna que refuerza el desarrollo de estados saludables, lo que lleva a la ecuanimidad y a la conciencia plena.

La Palabra Correcta

Debido a la gran importancia de la palabra, nada menos que cuatro de las diez acciones erróneas señaladas por el Buda, se refieren al ámbito de la palabra.
En el Canon Pali, este aspecto del Noble Camino se explica de la siguiente forma:

  • Abstenerse de mentir, decir siempre la verdad.
    Abandonando la mentira, se abstiene de mentir. Habla la verdad, se mantiene con la verdad, es firme, fiable, no es alguien que engaña a los demás.”

  • Abstenerse de calumniar o difamar, procurar reconciliar a los que están en discordia.
    Abandonando el hablar calumnioso, difamador, se abstiene del hablar calumnioso, difamador. Lo que ha oído aquí no lo dice allá para separar aquella gente de la gente de aquí. Lo que ha oído allá no lo dice aquí para separar esta gente de la gente de allí. Así, reconciliando a quienes se hubieran separado o fortaleciendo quienes están en unión, ama la concordia, le place la concordia, disfruta la concordia, habla creando concordia.”

  • Abstenerse de hablar de forma hiriente, irrespetuosa, hablar siempre con delicadeza.
    Abandonando el hablar irrespetuoso, se abstiene de hablar irrespetuosamente. Habla palabras que son tranquilizadoras para el oído, que son afectuosas, que van al corazón, que son educadas, atractivas y placenteras para la gente en general.”
  • Abstenerse de hablar frívola o inútilmente, hablar solamente de cosas provechosas.
    Abandonando el hablar frívolo, se abstiene de hablar frívolo. Habla lo que conviene, habla lo que es un hecho, lo que está de acuerdo con la meta, el Dharma y el Vinaya. Habla palabras que vale atesorar, convenientes, razonables, circunscritas, conectadas a la meta.”

Los tres filtros de Sócrates: la verdad, la bondad y la utilidad

Cuentan que uno de sus discípulos le comentó a Sócrates que uno de sus amigos le había hablado mal de él.
El filósofo le indicó que, antes de escuchar lo que pretendía contarle, el mensaje debía pasar por tres filtros. Si no los superaba, el mensaje no era digno de ser escuchado.

Primer filtro: ¿Es verdad?
“¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decir es verdad?”

Segundo filtro: ¿Es bueno?
“¿Lo que vas a decir es beneficioso?”

Tercer filtro: ¿Es útil?
“¿Me va a servir de algo lo que tienes que decir?”

Si el mensaje no es cierto, ni es bondadoso, y ni siquiera es útil ¿Para qué querría uno saberlo?

La verdad, la bondad y la utilidad son los tres filtros de Sócrates. A juicio del filósofo, éstas son las preguntas que toda persona debe formularse antes de decir algo.

¿Estoy seguro de que lo que voy a decir es cierto?
¿Lo que voy a decir es beneficioso?
¿Es necesario decirlo?

Estos tres filtros de Sócrates también nos los podemos aplicar a nosotros mismos cuando somos oyentes. Podemos elegir lo que queremos escuchar y lo que no necesitamos oír. En estos tiempos en los que circulan tantos bulos y cotilleos por los medios de comunicación, por las redes y por mensajerías, ¿Para qué necesito escuchar, ver o leer cuestiones que no superan la prueba de los tres filtros?
Si tenemos tanto cuidado de que lo que entra por nuestra boca sea saludable, ¿por qué tendríamos que permitir que entren por nuestros ojos o por nuestros oídos mensajes falsos, dañinos o innecesarios?
Conviene ser especialmente cuidadosos con lo que emitimos en las redes sociales y de mensajería digital porque su alcance es muy superior al de la palabra hablada. Para evitar contribuir a la contaminación informativa, antes de difundir cualquier información o mensaje es muy importante que le apliquemos los tres filtros que nos protegerán a todos de informaciones o mensajes falsos, dañinos o inútiles.

Las consecuencias de las palabras hirientes:
como el papel arrugado.

Cuando no aplicamos atención y compasión, nuestras palabras tendrán consecuencias adversas para nosotros mismos y para los demás.

Hay una fábula que nos habla de un niño bueno, pero de carácter impulsivo, que montaba en cólera a la menor provocación. La mayoría de las veces, después de estos incidentes el niño se sentía avergonzado y se esforzaba por consolar a aquél que él mismo había herido.

Un día, un sabio que le había oído excusándose después de una explosión de ira, le entregó una hoja de papel lisa y le dijo: ¡Estrújalo! Asombrado, el niño obedeció e hizo una apretada bolita con el papel.
Ahora –volvió a decirle el sabio– vuelve a dejarlo como estaba antes.
Pero el niño no pudo dejarlo tal como estaba. Por más que lo intentó, el papel quedó lleno de arrugas.

El corazón de las personas –le dijo el sabio– es como ese papel. La impresión que dejas en ellos, será tan difícil de borrar como esas arrugas.

Así, el niño aprendió a ser más comprensivo y paciente. Ahora, cuando siente el impulso de estallar, recuerda ese papel arrugado, recuerda que la impresión que dejamos en los demás es muy difícil de borrar porque, cuando hemos causado un daño con nuestra conducta o con nuestras palabras, aunque después queramos borrar ese dolor, siempre quedarán huellas.
Arrastrados por nuestros impulsos, arrojamos palabras hirientes y después, cuando nos serenamos, nos arrepentimos, pero ya no podemos borrar lo que quedó grabado en el corazón del otro.

¡Qué distinto sería si nos esforzásemos por dar sólo lo mejor de nosotros mismos!
Aprendamos a ser amorosos, compasivos y pacientes.
Antes de hablar y de actuar, pensemos en el bien común.

Que esta actividad pueda ser beneficiosa y contribuir a que todos vivamos en Armonía.

error: Este contenido no se puede copiar
Ir arriba