Felicidad (Fernando Savater)

SOBRE LA FELICIDAD

Prefacio de Fernando Savater a la obra del dramaturgo mexicano David Olguin “Dolores o la felicidad”, estrenada en la ciudad de México en 1995.

De la felicidad no sabemos de cierto más que la vastedad de su demanda. En ello reside precisamente lo que de subversivo pueda tener el término, pues, por lo demás, resulta ñoñería de canción ligera o embaucamiento de curas. La felicidad como anhelo es así, radicalmente, un proyecto de inconformismo: de lo que se nos ofrece nada puede bastar. Se trata del ideal más arrogante, pues descaradamente asume que tacharla de «imposible» no es aún decir nada contra ella. Imposible, pero imprescindible: irreductible.

Quizá lo que ocurre con la felicidad es que somos incompatibles con ella. Felicidad es aquello que brilla donde no estoy, o aún no estoy o ya no estoy. Para ser feliz tendría que quitarme yo. Y sin embargo, es el yo el que quiere ser feliz, aunque no se atreva a proclamarlo a gritos por las calles del mundo, aunque finja resignación o acomodo a la simple supervivencia, es decir, a la obligación de la muerte. Decir «quiero ser feliz» es una ingenuidad o una cursilería, salvo cuando se trata de un desafío, de una declaración de independencia, de una forma de proclamar: «Al cabo nada os debo.» En cuanto deja de ser un cebo o una reconciliación piadosa, la felicidad – por inasible, por perennemente hurtada – comienza a liberar.

Lanzada hacia el futuro, por radiante que éste parezca, la felicidad suena a hueco: a fin de cuentas, todos sabemos lo que nos espera… No es cierto que el tiempo se lleva la dicha, pues nos trae su nostalgia, que es la única forma que tenemos de conocerla.

Fernando Savater

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